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Nadie sabe a ciencia cierta el impacto global que tendrá la enfermedad COVID-19 cuando salgamos de esta pandemia. No sabemos cuántas vidas sucumbirán ante las garras de este nuevo coronavirus. Las finanzas de los Estados, empresas y personas se desploman. La mayoría de los gobiernos han tomado la decisión de mandar a sus ciudadanos a las casas, causando que el desempleo se dispare alrededor del mundo.

No sabemos cómo afecta este coronavirus al crimen organizado, ya que no tenemos evidencia previa sobre la política del crimen en medio de una pandemia. Sin embargo, hay noticias alrededor del mundo que nos ilustran cómo esta pandemia afecta la delincuencia.

En Colombia, el Frente Oliver Sinisterra, una facción de las FARC, dio la orden a la ciudadanía de suspender toda actividad comercial y pública con el propósito de evitar el contagio de ese poblado, estableciendo que todo aquel que se encuentre fuera de casa será considerado como un objetivo militar. Además, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Clan del Golfo han impuesto bloqueos y restricciones adicionales a lo largo del país.

En el medio oriente, luego de lanzar una alerta recomendando a sus combatientes evitar viajar a Europa, el Estado Islámico (ISIS) ahora declara que las ciudades enemigas en crisis deberían ser atacadas. En Líbano, el grupo paramilitar libanés Hezbolá está movilizando médicos de primera línea y preparando hospitales como parte de un plan para ayudar a enfrentar el coronavirus.

En Estados Unidos la situación no es ajena. Las pandillas especializadas en ransomeware (secuestro de datos) han prometido no atacar a las organizaciones de la industria de la salud durante el brote de COVID-19. No obstante, autoridades como Interpol informan un aumento en la delincuencia cibernética, en la obtención ilícita de usuarios, contraseñas e información crediticia de personas, así como otro tipo de estafas diversificadas durante las últimas semanas.

En nuestro país, el Ministro de Seguridad ya informó a la ciudadanía que los delincuentes están haciéndose pasar por persones del Ministerio de Salud y organismos internacionales pidiendo información que luego utilizan para hacer estafas; y así como estos ejemplos se encuentran noticias en todo el mundo, del comportamiento de grupos criminales ante esta crisis sanitaria.

Es importante entender este comportamiento para tomar medidas para controlar su expansión y crecimiento. A partir de lo poco que se va conociendo, notamos una serie de tendencias que son importantes de acotar.

Primero: La vulnerabilidad de las poblaciones afectadas por conflictos

Evidentemente, el crimen organizado afecta en los lugares donde hay más conflicto y pobreza. En estos sectores, que adicionalmente son los más vulnerables a una crisis sanitaria, la guerra o los disturbios prolongados, la mala gestión, la corrupción o las sanciones extranjeras, han dejado a los sistemas nacionales de salud profundamente mal preparados para enfrentar la enfermedad COVID-19. Esto representa una oportunidad para el tráfico ilícito de medicamentos, agua y comida, así como otra serie de bienes indispensables.

Segundo: Riesgos para el orden social

En el corto plazo, la amenaza de enfermedad va a actuar como disuasorio de los disturbios populares, ya que, por seguridad, y por orden de los gobiernos, los manifestantes evitan grandes reuniones. No obstante, es posible que esta pandemia ejerza una gran presión sobre la sociedad y los sistemas políticos, lo que podría crear el potencial para nuevos brotes de violencia.

Sin embargo, la tranquilidad en las calles puede ser un fenómeno temporal y engañoso. Las consecuencias económicas y de salud pública de la pandemia pueden afectar las relaciones entre los gobiernos y los ciudadanos, especialmente con el aumento exponencial en el desempleo. No cabe duda que ante esta situación, preservar el orden público podría resultar muy complicado cuando los elementos de seguridad estén sobrecargadas y la población salga a las calles a manifestar su frustración y descontento ante las medidas tomadas por los gobiernos como respuesta a la enfermedad.

Finalmente: Oportunidades

Si bien las señales de advertencia asociadas con este coronavirus son significativas, también hay destellos de esperanza. La magnitud del brote crea espacio para gestos humanitarios entre rivales. Los Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, han transportado más de 30 toneladas de ayuda humanitaria a Irán para tratar la enfermedad.

El presidente Donald Trump le escribió al líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, expresando su voluntad de ayudar a Pyongyang a enfrentar la enfermedad, provocando un mensaje de agradecimiento en respuesta.

Asimismo, el planeta agradece el respiro que le ha dado el cierre de fábricas y la disminución en el consumo de combustibles fósiles. Esta enseñanza nos debe plantear una serie de interrogantes sobre el daño que le estamos haciendo a nuestro planeta y buscar opciones para protegerlo.

Es importante que no descuidemos la seguridad nacional. La pandemia por COVID-19 no puede ser una puerta abierta para la delincuencia. Por el contrario, esta situación representa una incomodidad para el crimen organizado, que debe ajustar sus formas y se expone a cometer errores; pero debemos estar atentos.

En épocas de crisis aflora lo mejor de algunos seres humanos, pero también puede evidenciarse la parte más oscura de nuestra especie. Esta pandemia ya nos ha dejado varias enseñanzas y faltan muchas más por venir. Que este trago amargo que estamos pasando, nos dé nuevas herramientas y posibilidades para sacar lo mejor de cada uno de nosotros y comprender también, aquello que nos afecta como sociedad para cambiarlo.