Hablemos de populismo político y cómo el discurso podría consolidarlo como una realidad ineludible en Costa Rica.

A menudo no pensamos en que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, está en la Casa Blanca porque una minoría poderosa votó por él. En resumidas estas votaciones funcionan así:

La persona que queda al frente del Despacho Oval es elegida por una Asamblea de 538 electores, el llamado Colegio Electoral.

El Colegio Electoral es elegido por la población de cada Estado. Es decir, cada Estado elige a sus representantes para votar por el o la candidata a la presidencia; para conseguir la presidencia se debe contar con el apoyo mínimo de 270 votos del Colegio Electoral.

Aunque la presidencia se elige de esta manera, el día elecciones, la totalidad de la población empadronada en todo el país también emite el llamado “voto popular”, que, para casi todos los Estados, define los representantes ante el Colegio Electoral en un formato"todo o nada", es decir aunque un Estado se gane por solo 1 voto, quien gana se deja todos los representantes de ese Estado en el Colegio Electoral. Durante estas últimas votaciones, en el "voto popular" Hillary Clinton obtuvo 2.8 millones de votos más que Trump. Pero finalmente el magnate obtuvo 306 votos electorales frente a 232 de Hillary.

En esta época, que tanto se habla de populismo, este sistema indirecto de votación presidencial deja al descubierto -una vez más- que, no hace falta mover a muchos, sino a los necesarios. En este caso, al populismo le sirvió mover a cierta minoría.

Paz, que ya voy aterrizando el punto. Necesitaba el ejemplo de las votaciones norteamericanas (que por supuesto son más complejas) para que juntos reflexionemos, discutamos, y pongamos atención a los datos, no a los hechos mediáticos. Los datos nos ayudan a re-enfocar y a no perder de vista lo importante.

EL DEBATE POPULISTA

La semana anterior, el telediario Telenoticias en su edición de medio día presentó un debate entre el diputado Enrique Sánchez y Sergio Mena, líder del Partido Nueva Generación.

Mena propone una reforma constitucional para que a los niños o niñas nacidos en Costa Rica de padres/madres extranjeros no se les otorgue la nacionalidad automáticamente. El debate resultó ser un desastre y en redes sociales se armó un alboroto. Hubo cientos de personas indignadas por la presencia de Mena en horario estelar ofreciendo un discurso populista, con claros tonos xenófobos. 

A juzgar por lo que se dice mediáticamente, esta situación da pie para que se empiece a construir un relato, al menos entre una parte de la población, de que el populismo se está avivando en nuestro país y que, de cara a las elecciones municipales 2020, se apoderará de algunos gobiernos locales.

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Pero, ¿es cierto que se aviva el populismo en Costa Rica? Para responder la pregunta esta semana buscamos a José Andrés Díaz González, coordinador del programa Umbral Político e investigador del Instituto de Estudios Sociales en Población (IDESPO) de la Universidad Nacional (UNA).

José Andrés también es profesor de la escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica y por cierto nos atendió en esa universidad.

En esta ocasión, Eduardo tuvo libre y me acompañó el camarógrafo Cristian Ugalde (compañero nuevo en Delfino.cr).

José Andrés Díaz González nos atiende en el sexto piso del edificio de la Facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad de Costa Rica José Andrés Díaz González nos atiende en el sexto piso del edificio de la Facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad de Costa Rica | Foto por Cristian Ugalde

PASO 1: ENTENDIENDO LA ACTITUD POLÍTICA

Para entender el discurso populista, me dice Díaz, hay que entender que no tenemos una cultura política, sino varias.

La cultura política es el término que formalmente, desde la ciencia política y la antropología política, se le designa a los valores, creencias, imaginarios y percepciones que afectan la conducta, el comportamiento y la manera en la que interpretamos las acciones en el campo político.

Aunque en la sociedad de Costa Rica hay valores que son comunes, también la población tiene valores diferentes. Ya sea por cambios generacionales, factores de socialización o elementos de educación.

Recuerda el investigador que la actitud costarricense hacia la política se divide en tres categorías: activos, pasivos y apáticos.

Los activos manifiestan participar en política en el amplio sentido. Los pasivos tienen cierto interés por la política, pues expresan que bajo circunstancias especiales podrían asistir a una manifestación, etc.

Los apáticos son personas completamente desencantadas, no les gusta el ámbito político, tampoco participar, mas bien observan la política como algo negativo.

Bajo estos términos, y observando al padrón electoral del 2018, podemos ver dos categorías claramente, los activos y los apáticos.

3.322.329 millones de personas conformaron el 100% del padrón electoral, el 66.45% tuvo una actitud activa, pues fue a las urnas, y el 33.55% restante tuvo una actitud apática, pues se abstuvo de votar.

Por otro lado desde el 2011 el IDESPO ha hecho un monitoreo sobre la actitud autoritaria de la población costarricense y en ese monitoreo se confirma que tenemos una alta tendencia a las actitudes autoritarias, pero aquí vale una aclaración:

Lo autoritario lo entendemos, casi siempre, dentro del marco de las dictaduras, pero no necesariamente es así. El autoritarismo puede ser tierra fértil para eventualmente un gobierno dictatorial. Pero [esta tendencia] también es congruente con los sistemas presidencialistas.

El autoritarismo tiene dos caras. Por un lado la imposición, y por otro la aceptación pasiva y la delegación. En los sistemas políticos como el costarricense que somos altamente delegativos, es común que las personas sean autoritarias, porque están esperando que sea la autoridad la que resuelva todo.

Esta lógica podría explicar por qué el discurso populista, de alguna manera, encaja en las culturas políticas costarricenses.

Buscamos a alguien que venga a acabar con la inseguridad, con la corrupción, con la ineficiencia, alguien que me resuelva, que me diga lo que quiero escuchar, alguien, alguien… El investigador hace hincapié en que esto no es nada nuevo, pero que a veces lo olvidamos.

"Tenemos una alta tendencia a las actitudes autoritarias", afirma el politólogo José Andrés Díaz González | Foto por Cristian Ugalde

PASO 2: ABC DEL POPULISMO

Ante mi pregunta de cómo definiría qué es populismo, José Andrés responde que es una estrategia política, donde una figura fuerte repite un discurso confrontativo entre el pueblo que es el bueno y los otros que son los malos. Es un discurso confrontativo entre la amenaza que podrían ser los políticos tradicionales, o los migrantes, o los pobres, etc. y yo que soy ciudadana buena.  

En el discurso populista no hay grises ni contextos.

Eso nos lleva a que se generen las ideas de la antipolítica, donde el líder populista se presenta como un outsider de la política, sea cierto o no. Siempre verá a la política como una actividad mala, siempre ve algo negativo en todos los que han estado antes, por eso hay que hacer borrón y cuenta nueva.

Generalmente el populismo va acompañado de la idea de que la institucionalidad está tomada por la corrupción y que hay que hacer una nueva institucionalidad. Por ejemplo, un caso muy simbólico es Venezuela. Cuándo Hugo Chávez tomó el poder y le cambió el nombre a los ministerios, por decir algo el Ministerio de Educación se convirtió en el Ministerio del Poder Popular para la Educación de Venezuela, así por el estilo para dar una idea de que es una institucionalidad supuestamente distinta.

Pero claro, pensar en populismo lleva truco. Porque cuando pensamos en populismo de izquierda imaginamos a Chávez o Evo Morales, pero lo cierto es que también lo hay populismo de derecha, como en su momento fue Ernesto Kirchner en Argentina, o Marine Le Pen en Francia.

Entonces, al mismo tiempo que se van construyendo discursos populistas, también van surgiendo discursos populares anti-populistas. Ahí es donde toca examinarnos. Hacer introspección, que llaman.

En Costa Rica es posible encontrar que muchos presidentes y políticos han mantenido un discurso con cierta afinidad al populismo, no por el populismo en sí mismo, sino porque es un elemento que está en el ADN latinoamericano.

Nadie quiere votar por un candidato o candidata a la presidencia que diga que no va a solucionar los problemas.

Esto es un problema del sistema presidencialista: el mesianismo. Todos queremos que el o la presidenta nos diga cómo traerá soluciones, sin que esto me represente ningún costo como ciudadano.

Pienso yo, no sé, ya luego en sus comentarios pueden compartir si están o no de acuerdo, pero… ¿Es acaso que todos tenemos algo de populistas, en el sentido de que obviamente no votamos a quien no nos parezca la mejor opción?

Digo, no necesariamente todos piensan que votar es resolver todos los problemas y que esto no tendrá algún costo, pero ¿caemos en discursos populares anti-populistas? Dice José Andrés que sí.

En algunas formas yo creo que todos siempre pecamos de ser populistas, porque en algún momento de nuestra vida consciente o inconscientemente generamos una retórica de buenos y malos y generalmente uno siempre está al lado del bueno. Porque es una forma más fácil de entender el mundo. Es un mecanismo cognitivo básico.

El mundo es muy complejo, hay mucha información y en algún momento yo tengo que dividirme y caigo en este discurso confrontativo de culpar a alguien (con razón o sin razón), de mis problemas, de los problemas que están afectando al país.

Por eso decía que en América Latina, tal vez, es algo está en nuestro ADN de cultura política. El problema no es ser populista, sino cuán populista se es, o que [la simpatía] sea el único elemento en nuestra matriz de cultura política y de toma de decisiones.

Otro elemento a tomar en cuenta en esta ecuación, antes de pasar a los números, es que en la sociedad moderna -nos recuerda José Andrés- donde se vende la idea de que el emprendedurismo y la innovación hace a cualquiera millonario sin trabajar demasiado, se genera un alto grado de frustración y entonces es muy fácil que la gente deposite su confianza en una figura populista.

"No existen estudios periódicos que puedan arrojar una conclusión precisa en cuanto a si el populismo está o no creciendo", José Andrés Díaz González | Foto por Cristian Ugalde

PASO 3: RESPONDER A LA PREGUNTA

Con el contexto dado, amarremos cabos. Aquí es donde los números nos hablan más que las percepciones.

En términos generales, José Andrés Díaz dice que en Costa Rica no existen estudios periódicos que puedan arrojar una conclusión precisa en cuanto a si el populismo está o no creciendo.

Lo que sí podemos concluir es que, en el país hay más personas apáticas que populistas. Si bien 2 personas de cada 10 votaron por Fabricio Alvarado durante las elecciones 2018 3 de cada 10 no fueron a votar.

Además, también es cierto que el populismo, eventualmente, puede minar la credibilidad de la institucionalidad democrática.

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Hay un tercer enfoque que lo que dice es que el populismo per sé no es bueno ni es malo, sino que es un termómetro de la democracia. El populismo es algo que toda democracia vive, es un llamado de atención de que los partidos, los grupos, los gobiernos y las instituciones no están dando respuesta de forma adecuada.

El populismo es un eterno compañero incómodo de la democracia. Es decir, en una democracia no se puede prohibir el populismo porque sería antidemocrático, pero entonces lo que se debe hacer es prestar atención.

Digamos, en el caso de Costa Rica durante las últimas elecciones uno podría distinguir ciertos candidatos con discursos populistas, y claro que eso llama la atención y uno cree que el populismo está aumentando.

Pero pasan dos cosas, primero que nosotros no tenemos evidencia como para decir que el populismo está en aumento y segundo, si uno se fija en el caudal electoral de estos candidatos (quitando los votos válidamente emitidos en todo el padrón electoral) realmente no es tanto. No son el grueso de la población.

El investigador cierra recalcando, una vez más que, el discurso populista es un llamado de atención importante, de que, eventualmente, podría aumentar ese tipo de discurso político y esta representación política.

Además, indica que los otros partidos políticos deberían estar cuestionándose si lo que están haciendo es bueno para la población, y si es percibido de esa manera.

Hay muchos casos, uno podría decir, en que los gobiernos toman decisiones que parecen positivas pero que no logran ser percibidas como tal por parte de la población. En algunos casos es porque no son bien presentadas y en otros porque tendrán un impacto a mediano o largo plazo

Mi punto es, los políticos populistas no le apuestan a las mayorías, sino a las minorías dispuestas a participar. Por eso creo que, aunque sí debemos trabajar en desmantelar la estrategia populista, debemos trabajar aún más para entender a los apáticos. En ellos reside el verdadero antídoto anti-populista.

A partir de esta semana, también complementamos la entrevista con un breve video. | Foto por Cristian Ugalde

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